Como padres nos gusta penar que nuestros hijos saben que los queremos a pesar de todo. Muchas veces esto no es así en la cabeza de los más pequeños pues no les hemos explicado con claridad cómo es el amor de madre o padre.

El amor es incondicional, las emociones no

Es importante educarles en las emociones, sus significados y sus orígenes. Si no lo hacemos corremos el riesgo de que al vernos enfadados y con nuestra expresión facial y corporal de rabia piensen que es hacia ellos o por ellos.

Por eso yo recomiendo que nos vean mostrar nuestras emociones y vean nuestros recursos para gestionarlas. Una vez pasado el episodio emocional explicar lo sucedido poniendo nombre a la emoción, diciendo qué hemos utilizado para volver a estar calmados y explicando a su vez que la originó.

Pretender que no tenemos emociones cuando estamos criando o tratar de ocultarlas ante los niños no les ayuda a crecer emocionalmente. Por supuesto el trabajo de educación emocional empieza en los padres y es su responsabilidad el saber autogestionarse para ser un buen modelo en el que sus hijos puedan fijarse.

Así podemos decirle después de forma calmada a un niño que: “me he enfadado porque has tirado lo que te pedí que no tocases, que me ha puesto triste ver que le pegabas a tu hermano, etc.” 

“¿Has visto como ha respirado mamá o papá para sacar el enfado?, cuando me he puesto triste os he pedido un abrazo grande para sentirme mejor ¿a qué sí?”.

Es importante ser claros con ellos, si lo que ha condicionado nuestra emoción es su conducta o una circunstancia externa, podemos usarlo para aprender todos; yo como padre o madre para buscar el motivo que hay detrás de mi emoción y mi hijo para saber que a pesar de que mis emociones pueden cambiar el amor que siento por el es incondicional y el enfado, la tristeza o cualquier otra emoción que sienta no puede eliminar el amor que siento por el.

De esa forma un niño no tendrá miedo al ver a su padre o madre enfadado porque no sentirá que está en juego su amor o el vínculo que los une.